Características Laycos

Los Árboles Ya Cuentan Oscuros Secretos – Capítulo IV

Usuario: noa@macmillan-and-co.com
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-Listo, dentro de Laycos otra vez. Le terminaré cogiendo cariño -, se dijo Noa a sí misma mientras encendía un cigarrillo.

Aún seguía un poco abrumada por la formación que Alana, la consultora de Laycos Network SLU, le había dado, pero del mismo modo, se sentía segura para usar Laycos más profundamente.

No quiso acceder directamente a la cuenta de Steve, sabía que podían estar espiando o rastreando las IP's que se conectaran a la misma, así que prefirió coger soltura con su usuario. Además, se suponía que debía tener toda la información necesaria en la red a la que el señor Tanembaun la había invitado, o al menos, eso pensaba ella.

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Arrastró el ratón hasta el icono de redes y volvió a tenerla delante:

“Investigación privada, avisar a Noa Macmillan”.

Un lugar donde Steve había compartido con ella aquella información tan importante que ella, y sólo ella, debía ver.

Hizo clic. Una nueva ventana se abrió. Alana le había explicado que las redes dentro de Laycos, a su vez, se podían dividir en grupos, para desglosar y clasificar mejor el contenido, y dentro de éstos, compartir información en actividades y comentarios que se agrupaban para formar conversaciones entre todos los usuarios, con ficheros adjuntos, tareas que cada integrante debía realizar, eventos de calendario, etiquetas, y un sin fin de características que hacían de Laycos una herramienta única y muy potente.

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Pero allí no había nada.

-¡No puede ser!- Exclamó. Noa notaba cómo un escalofrío recorría todo su cuerpo.

Sí, la red estaba allí, y dentro, a la izquierda, un listado de grupos tal y como le habían mostrado en la formación: Planos y terrenos, Informes, Pagos a terceros, Contabilidad, y el último grupo, el que más le sorprendió, Harold Macmillan, un grupo con el nombre de su padre.

-¿Qué tendría que ver con todo aquel asunto?.- Pensó que había hecho algo mal, al fin y al cabo sabía que no era muy buena con las nuevas tecnologías.

Probó de nuevo. Cerró todas las ventanas y volvió a abrirlas. Mismo resultado, una ventana de red con sus grupos pero sin ningún contenido y como antes, el nombre de su padre hacía que clavara la mirada en la pantalla.

Repitió una y otra vez la misma operación, incluso apagó y encendió de nuevo el ordenador, pero no consiguió otra cosa más que una ventana vacía y más y más preguntas acerca de qué relación podía tener Harold, su padre, en todo aquel asunto.

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Encendió otro cigarrillo, esta vez más por los nervios que realmente por placer. No podía ser, tanto esfuerzo, el amigo de su padre muerto y todo ello, para nada.

En un último intento por comprender lo que pasaba, accedió a la Información de la red, una ventana que le mostraba todas las características con las que había sido creada y...

-¡Bingo!.- Dijo casi saliéndosele el corazón por la boca.

-¡Es una red Unidireccional!.- Lo recordaba porque le había llamado mucho la atención en la formación:

Una propiedad de las redes de Laycos que permite publicar bajo una máscara, conocida como identidad, haciendo que sólo los usuarios que la tuviesen asignada pudiesen ver todo el contenido de la red, y que aquellos que no la tenían, sólo viesen lo que ellos mismos publicaban. Esto conseguía que varios usuarios de cara al resto de integrantes de la red, funcionaran como una sola entidad independiente.

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¡Claro! Harold la había invitado a la red, pero no habría tenido tiempo de asignarle la identidad si su asesino lo sorprendió antes de hacerlo.

Ésa debía ser la razón de no ver nada. Necesitaba tener la identidad asignada para poder acceder al contenido de la red.

Un pensamiento invadió la mente de Noa: si accedía como Steve, podía no sólo asignarse la identidad, sino ver el resto del contenido que seguramente, le ayudaría a resolver su crimen. Pero, por otro lado, tenía la certeza de que alguien estaría acechando, y podrían dar con ella, y eso, sería el fin de todo.

Lo que sí estaba claro era una cosa, tenía que averiguar la relación de su
padre, Harold Macmillan, en todo aquel asunto y eso sí que era un pensamiento que no podía borrar de su cabeza.

Dándole vueltas a todo este asunto, Noa no se había percatado de una nueva notificación que le había llegado. Un uno en la campana de Avisos de Laycos.

¿Quién podría querer comunicarse con ella en aquella plataforma?. ¿Había alguien más que sabía de la invitación que Steve le había hecho?. No quiso esperar más para descubrirlo y pulsó, ya con una considerable soltura, en el icono.

Una nueva ventana se abrió y una mención, en una actividad, de una identidad desconocida, decía:

Entra de nuevo en la red.

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¿Cómo podía ser?.

Había alguien más que sabía que ya era usuaria de Laycos y se estaba poniendo en contacto con ella. El corazón se le iba a salir del pecho, notaba cómo le latía el pulso a un ritmo mucho más acelerado de lo normal. Lentamente movió el ratón al icono de redes, hizo click sobre su red, sobre la imagen de ella con su padre, sobre aquella foto justo antes del fatídico accidente en el embarcadero.

Mismo resultado, nueva ventana de red, con el mismo listado de grupos a la izquierda, pero esta vez había algo distinto, esta vez la ventana no estaba vacía, podía ver todas las actividades y comentarios.

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Continuará...

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Sobre José Miguel Santana Hernández

Ingeniero Informático en Laycos Network
  • Las Palmas de Gran Canaria